sábado, 4 de junio de 2011

MUTANTES, Y A MUCHA HONRA



            Siempre he pensado que si yo fuera mutante me costaría mucho elegir bando: la calmada sabiduría del Profesor X o el poderoso carisma de Magneto. Tras ver X-Men, Primera Generación y por culpa de Michael Fassbender empiezo a inclinarme más por el lado oscuro.
            Que Bryan Singer sabe lo que hace no nos pilla por sorpresa, pero es que ha hecho falta que el director vuelva a poner su sello a la saga mutante (su saga por derecho) para que recupere la calidad de las magníficas X-Men y X2 (dejemos fuera la muy discutible X3: La Decisión final, de un desacertado Brett Ratner, y por supuesto la atrocidad que supuso X-Men Orígenes: Lobezno). Matthew Vaughn (Kick-Ass) dirige esta película, producida y (co) escrita por Singer, creando un tándem perfecto para el relanzamiento (¿lo es?) de las aventuras de la Patrulla X.
X-Men: Primera Generación es el Batman Begins de los mutantes. Una precuela que al margen de toda saga, de que te gusten o no los superhéroes, es una gran película y punto. Dicen que Christopher Nolan, con sus películas sobre el hombre murciélago, abrió la puerta al blockbuster de lujo, pero esto no habría sido posible si Singer no hubiera plantado esa semilla hace años con X-Men.
Matthew Vaughn aborda elegantemente tramas políticas como la crisis de los misiles de Cuba para contextualizar el origen de ciertos personajes, demostrándonos que no lo sabíamos todo sobre ellos, como creíamos. Para ello cuenta con un reparto de lujo: James McAvoy da vida a un joven Charles Xavier, la nominada al Oscar Jennifer Lawrence como Raven/Mística, January Jones como Emma Frost…pero sobre todos ellos destaca Michael Fassbender con su interpretación de Erik Lensherr, alias Magneto.

Fassbender hace suyo uno de los personajes más complejos y atrayentes del universo Marvel, se come la pantalla (y al resto del reparto, sin desmerecer a ninguno) con  un Erik que haría palidecer al mismísimo James Bond. Los planos que comparte con McAvoy destilan la sensación de que aunque Erik (Fassbender) acapara toda la atención, Charles se la cede gustosamente. Muy acorde con los personajes, y muy acorde con las visiones que nos dieron en su día Patrick Stewart y Sir Ian Mckellen. Porque si hay algo increíble en X-Men Primera Generación es que sus intérpretes no intentan ser las versiones más jóvenes de los actores que ya dieron vida a estos personajes, sino algo totalmente distinto. El resultado, en lugar de confuso, se presenta con tal coherencia que permite al espectador ser consciente de la evolución real de Charles y Erik hasta convertirse en los Profesor X y Magneto que aparecían en la trilogía original.

Brillantes ideas como comenzar la película con la misma escena con la que comenzaba X-Men hace 11 años (un pequeño Erik descubriendo sus poderes en un campo de concentración), numerosísimas referencias a las otras películas (algunas sólo evidentes para los fans), un reparto soberbio, tramas político-sociales, ciertas dosis de humor… y todo ello encaja perfectamente con las cintas anteriores. Matthew Vaughn ha conseguido que salgas de la sala de cine con la sensación de que acabas de presenciar algo imposible: una precuela en toda regla que no parece una precuela, que tiene valor como pieza única y aislada y que a la vez encaja como un apéndice perfecto con las películas anteriores. Esto sí que son, como dice Mística en la película, “mutantes, y a mucha honra”.  Impresionante.

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