Cuando Joss Whedon empezó a dar forma a su proyecto de llevar The Avengers al cine, la Marvel se vio en un pequeño compromiso: la mayoría de los Vengadores no habían pasado aún por la gran pantalla. Esto provocó la urgente necesidad de preparar películas como la que ahora nos ocupa, piezas que sirvan de carta de presentación para ciertos personajes (Thor, Capitán América…) pero que no son más que engranajes al servicio de un bien mayor: The Avengers.
Con esta premisa surge Thor, una película que apesta a encargo en todos sus fotogramas. Kenneth Branagh (Mucho Ruido y Pocas Nueces, Enrique V) parecía una brillante elección para dirigir las aventuras del dios nórdico, el mejor adaptador de obras de Shakespeare podría imprimir cierta poética a esta historia de tronos y traiciones. Hasta aquí pintaba bien.
El problema es que parece que el tándem Marvel-Disney encargó a Branagh una película que presentara al personaje, que fuera fiel al espíritu del cómic, que le diera ciertos ecos Shakesperianos y que no complicara la labor de encajar a Thor en Los Vengadores. Y lo ha cumplido, el resultado es un film sin nada que reprochar pero sin nada que reseñar, no habrá ni quejas ni alabanzas por parte de nadie.
Respecto al reparto no se puede decir gran cosa. Chris Hemsworth interpreta con corrección al hierático Dios del Trueno, que por desgracia para el espectador no cuenta con el ingenio de Spiderman, ni con el carisma de Ironman (siempre se ha dicho que es el personaje menos comiquero y más pavisoso de la Marvel).
A Hemsworth lo acompañan unos deslucidos Anthony Hopkins y Natalie Portman. El primero da vida a Odín, padre del protagonista y rey de Asgard, y es una pena que un personaje tan fuerte se pase más la mitad de la película durmiendo (bueno, “sumido en el sueño de Odin”). Su momento estelar es el destierro de Thor, una escena que parece una parodia de Harry Potter más que una exhibición de furia divina.
Con respecto a Natalie Portman, pasa sin pena ni gloria interpretando a la científica Jane Foster e incluso queda eclipsada cuando comparte escena con Kat Dennings (su ayudante en la película). El exceso de Cisne Negro (acababa de finalizar el rodaje con Aronofsky) le pasó factura, se le puede perdonar.
¿Y qué hay del enemigo de turno? ¿No se supone que Loki siempre ha sido uno de los villanos estrella de Marvel? Aquí aparece como un niño con una rabieta que sólo busca una palmadita de su padre. Una pena.
No se puede acusar a Thor de ser un despropósito a la altura de The Punisher o Elektra (adaptaciones vergonzosísimas), pero tampoco se puede decir que vaya a ser recordada como una de las mejores películas con el sello Marvel (de hecho no se puede decir que vaya a ser recordada, a secas).
Una cosa más, pueden ser invenciones mías, pero mirando a la cara al rey de los Gigantes de Hielo, ¿no os da la sensación de haberlo visto en Buffy Cazavampiros?

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