De todas las adicciones, la adicción al sexo es la que nos puede resultar más atractiva como voyeurs. Nuestra curiosidad nos empuja a querer mirar debajo de las sábanas de aquellos que viven por y para dar placer a su cuerpo, y en el fondo de nuestras cabecitas esperamos disfrutar con ello. Sabemos que no está bien pero, al fin y al cabo es una película, se ha hecho para que miremos…
Sin embargo nada más lejos de Shame, la nueva cinta de Steve McQueen, en la que nos revela la otra cara de la moneda.
Shame nos presenta a Brandon, interpretado por un Michael Fassbender digno de los más altísimos reconocimientos (ya ganó la Copa Volpi por este papel, aunque sospechosamente se ha quedado fuera de las nominaciones al Oscar…). Brandon es adicto al sexo, poco más sabemos de su vida. Y no hace falta más.
La adicción define al adicto, lo atrapa, se convierte en lo que le empuja. Brandon es su adicción. Prisionero de su propio cuerpo, no existe nada más allá de satisfacer ese impulso compulsivamente, sin ningún tipo de emoción de por medio. Deseo completamente vacío. Y como tal se nos presenta, porque las (muy) explícitas escenas de Shame no son en absoluto agradables. McQueen nos sitúa del lado de Brandon desde el principio y a través de estas escenas consigue que suframos la angustia, el desgarro, que supone su problema. Y vaya si lo sufrimos.
La visita de su hermana Sissy, interpretada por una maravillosa Carey Mulligan, vulnerable y desequilibrada, alterará su vida y nos ayudará a deducir que, de alguna manera, ambos proceden de un pasado difícil que aún son incapaces de afrontar. Y que todos sus intentos solo consiguen hundirlos más y más en esas prisiones que han creado a su alrededor. Sobrecogedor, como mínimo.
Con una historia difícil de abordar, un tratamiento desgarrador y unos actores magistrales (de nuevo, Fassbender espectacular), Steve McQueen consigue que no nos despeguemos un segundo del borde la butaca, que no pestañeemos, y de paso, y como quien no quiere la cosa, consigue un ejercicio de introspección por parte del espectador que nos haga replantearnos los males de la sociedad contemporánea.
La única pega en mi opinión, quizás un leve exceso de dramatismo (y duración) en alguna de las escenas finales. Pecata minuta para lo que ha conseguido. Bravo.

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