viernes, 29 de julio de 2011

Y LA MAGIA ACABA AQUÍ. ADIÓS, HOGWARTS…




Poco queda que decir sobre las aventuras del niño-ya no tan niño-mago que no se haya dicho ya. La crítica a la primera parte de esta Harry Potter y las Reliquias de la Muerte se ajusta también a la segunda (son al fin y al cabo la misma película dividida en dos), salvo que esta última es sin duda la más triste: triste por lo dramático de la acción, por los personajes que no sobrevivirán al épico final de la saga, pero sobre todo triste porque es eso mismo, el final de la saga.

David Yates, el director que más ha sabido empatizar con la historia, pone el broche de oro a una franquicia que dio sus primeros pasos en la gran pantalla hace diez años (14 años hace ya de la publicación del primer libro). A lo largo de una década hemos visto desfilar por los pasillos de Hogwarts a los mejores actores británicos (Maggie Smith, Gary Oldman, Emma Thompson, Alan Rickman…), y hemos visto florecer a jóvenes talentos de los cuales, hay que decirlo, algunos han resultado mejores que otros (yo no he llegado a ver una gran progresión en Daniel Radcliffe).
Aún así, aun siendo la saga literaria y cinematográfica más rentable hasta la fecha, aunque todas las películas hayan mantenido el listón y aunque los fans nunca se hayan visto decepcionados, la Academia ha ninguneado todas sus entregas. Y yo me pregunto, si Marisa Tomei tiene un Oscar (y mejor no hablo de Penélope Cruz), ¿por qué no dar un pequeño reconocimiento a aquellos que nos han ayudado a mantener nuestro espíritu infantil intacto durante todos estos años a base de conjuros?

Y es que lo peor o lo mejor de esta película, según se mire, es que nos obliga a madurar. Aquellos que hemos crecido con los libros de Harry Potter bajo el brazo, acudiendo al estreno de cada película, aplaudiendo los partidos de Quidditch y llorando la pérdida de nuestros personajes favoritos encontramos en esta entrega el momento de crecer. La destrucción de Hogwarts funciona, más allá de la historia, como una metáfora de la madurez de sus fans, que buscábamos refugio en los pasillos del castillo para poder seguir sintiéndonos niños.

La historia termina casi donde empezó, esperando un tren en el andén 9 y ¾  de Kings Cross, con la misma sintonía que cerraba las primeras entregas (hay que reconocer que es un bonito detalle para los seguidores). Un flashforward nos revela aquí que la vida sigue para todos, y qué, ¿quién sabe? Puede que algún día, dentro de mucho tiempo, volvamos a encontrarnos esperando el Expreso de Hogwarts con generaciones venideras (eso sí, nosotros desde el sofá de casa, una pena).

La fantasía termina aquí y afortunadamente ha estado a la altura, ya podemos enfundar las varitas. Creo que para pasar el disgusto voy a comprarme unas Grageas de Bertie Bott de todos los sabores…



domingo, 3 de julio de 2011

HEMOS PASADO RESACAS MEJORES…



Reconozco que, cuando se estrenó Resacón en Las Vegas, allá por el verano de 2009, fui a verla con cierto escepticismo (¿cuántos blockbusters veraniegos, sobre todo en el terreno de la comedia, cumplen realmente con las expectativas?). Mi sorpresa fue mayúscula al encontrarme con una de las mejores comedias que he visto en años. Por desgracia en Resacón 2, Ahora en Tailandia (y por favor, que alguien empiece a aniquilar a los que cambian los títulos originales por estos despliegues de ingenio) se repite todo, literalmente todo, menos la calidad.
Y es raro. Idéntica estructura: despedida de soltero, esta vez de Stu (Ed Helms), al que vimos perder un diente en la primera parte, en Bangkok. Como la vez anterior, acompañado por Phil (Bradley Cooper) y el peculiar Alan (Zach Galifianakis, con un personaje impagable que una vez más roba el peso de la película). El bueno de Doug (Justin Bartha), al que perdieron en la primera parte, de nuevo sale pronto de la acción, esta vez, por ser el más responsable se quedará en el resort donde se alojan; pero aun así tienen que perder a alguien, que en este caso será el hermano adolescente y superdotado de la novia. Mismos personajes, el retorno de Mr. Chow, cameos de famosos (Mike Tyson vuelve para darnos de nuevo uno de los mejores momentos del film)… Es la misma película con otro paisaje de fondo. Pero no funciona igual.

Todd Philips se ciñe a la fórmula de “si algo funciona para qué cambiarlo”. Se vuelve algo más gamberro, pero no por ello más gracioso. Descuida a los secundarios, que en esta secuela son insulsos, olvidables, opuestos a los que tanto juego dieron en la primera parte (Heather Graham como striper, el bebé, o la detestable novia que tenía Stu en aquel momento y que por lo menos daba más juego que la prometida de ahora, el policía rencoroso al que roban el coche patrulla…); no saca tanto partido a los cameos, exprime hasta lo imposible las gracias y maneras de Mr. Chow y se ceba, quizá en exceso, con el mono pervertido. Y aun así no resulta ni la mitad de divertida que la primera parte.

Resacón 2 te deja con la sensación de haber oído el mismo chiste dos veces. La primera vez te encanta, y por eso te hace gracia una segunda vez, pero sin la menor frescura ni factor sorpresa. Sólo les salva que son personajes a los que les cogimos demasiado cariño en sus andaduras por “la ciudad del pecado” y les seguiremos al fin del mundo si hace falta con tal de fingir, durante un par de horas, que podemos salir de fiesta con ellos (el sueño de muchos, entre los que me incluyo).
Pero, personalmente, si tengo que pasar la resaca, prefiero que sea en Las Vegas.