jueves, 17 de febrero de 2011

“EL DISCURSO DEL REY” O EL VIAJE DE JORGE VI A LOS OSCAR



            Decía Kate Winslet, en su aparición en un capítulo de Extras (la serie de Ricky Gervais), que hacer una película histórica te aseguraba el Oscar. Afirmaba también que interpretar a un personaje con cualquier tipo de enfermedad o discapacidad te llevaba directo a conseguir la estatuilla. Bien, pues puede decirse que Colin Firth tiene el premio casi asegurado por su interpretación de Jorge VI en El Discurso del Rey, el rey de Inglaterra que tuvo que superar su tartamudez para dirigirse al pueblo.
            El trabajo de Firth en la cinta es más que impecable, y seguramente digno del Oscar (que es más que probable que gane). Sin embargo, tengo la sensación de que se lo darán más bien a modo de disculpa por no habérselo concedido el año pasado por su brillantísima interpretación en Un Hombre Soltero, la más que digna ópera prima del diseñador de moda Tom Ford (y que era superior a la del ganador, Jeff Bridges, en Corazón Rebelde).
            Si algo puede decirse de El Discurso del Rey es que es una película de personajes (y de actores) donde los secundarios llevan buena parte del peso de la cinta (lo que les ha valido a Geoffrey Rush y a Helena Bonham-Carter sendas nominaciones al Oscar)
            Vemos así a una Helena Bonham-Carter fabulosa en el papel de Isabel, la esposa del monarca (la “Reina Madre”). No se podía esperar menos, si tenemos en cuenta que es en películas británicas de época donde ha forjado la mayor parte de su carrera (y sin embargo es en películas como El Club de la Lucha, donde borda el papel de Marla Singer, donde más nos ha impresionado). Lo único reprochable es quizás esta falta de originalidad y la sensación de que ya lo hemos visto.
            Pero personalmente me quedo con Geoffrey Rush, y su entrañable interpretación de Lionel Logue, un logopeda australiano que de pronto se ve con la misión de solucionar los problemas del habla del obstinado rey de Inglaterra. Una pena que tenga que competir con Christian Bale (y su papel en The Fighter), porque sin duda sustenta la película a partes iguales con Firth.
            Destacaría esas sesiones de terapia entre Lionel y Bertie (así llamaba al rey) en las que el logopeda reivindicaba una igualdad ente ambos para que los métodos resultaran efectivos. Curiosamente estas sesiones se muestran en una sucesión de planos-contraplanos en los que rara vez vemos a algunos de los dos centrado en el cuadro, sino que suelen aparecer escorados a un lado u otro, en planos relativamente inusuales para una película “de época”, y que enfatizan esta relación de igualdad entre monarca y doctor.
            Sin duda Tom Hooper ha hecho un gran trabajo, humanizando a la realeza británica (parece imposible) y centrando la narración en la lucha de un hombre por superar sus fantasmas. La escena del discurso se vive en la butaca con la misma tensión que el más trepidante de los tiroteos, muy pocas películas consiguen eso últimamente.

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