jueves, 1 de septiembre de 2011

ESOS PEQUEÑOS CINÉFILOS




           Desde el estreno de Super 8 hace un par de semanas los medios se han visto bombardeados por un aluvión de críticas, por parte de las más prestigiosas plumas, a cual más favorable. Y yo me pregunto, ¿es Super 8 realmente para tanto?

            La cinta prometía desde antes de que comenzara el rodaje: la primera colaboración entre Spielberg y JJ Abrams, reyes del blockbuster y la televisión respectivamente. Si a eso le sumamos el secretismo que envolvió el proyecto, Super 8 se convertía en el estreno más esperado del año.

            El film es un homenaje al cine de los 80: ET, Los Goonies, Gremlins… Cine de aventuras infantiles, tan entrañables como trepidantes, con tintes claramente autobiográficos por parte de los genios creadores. Y es que lo más interesante de Super 8 es todo lo relacionado con la película que los niños intentan grabar para un concurso, cuyo rodaje se verá truncado por hechos que escapan a su control. Una historia de cinéfilos para cinéfilos, esto es lo que debería haber hecho grande a la cinta: una historia con la que los amantes del cine se pueden identificar, un reflejo al mismo tiempo de sus creadores y del espectador.

            Spielberg y Abrams deberían haberse centrado en esta parte de la trama, ya que el resto de la película te hace plantearte hasta dónde llega el homenaje y dónde comienza el plagio (autoplagio incluso).
            ¿No es acaso Joe (Joel Courtney), el pequeño protagonista, la viva imagen del Elliot de ET? ¿No recuerdan los niños y sus aventuras a los Goonies? Por no hablar de la trama del extraterrestre, metida en la película con calzador, con premisa similar a la de ET pero ni la mitad de efectiva: todos lográbamos empatizar con aquel bichito marrón de los 80, y en este caso, quizás por falta de información, porque apenas aparece en la película (y aún así nos intentan hacer ver que éste es el quid de la cuestión) o simplemente porque el alien en cuestión es un sanguinario, el caso es que no nos da ni alegría ni pena que consiga o no su objetivo.

            Aún así hay muchas cosas buenas en Super 8 (quizás más que malas). El reparto, especialmente los niños, está más que a la altura. Mención especial merece la pequeña Elle Fanning, a la que la presencia en pantalla y las dotes interpretativas parecen venirla de casta (¿hemos olvidado como la pequeña Dakota Fanning anulaba a Tom Cruise en La Guerra de los Mundos?). Y Joel Courntey supone un gran descubrimiento, llevando más que  dignamente el peso del papel protagonista.
            Por otro lado la facturación es impecable, la trama trepidante a la vez que emotiva, te engancha desde el primer segundo y no te suelta hasta el final. Por no hablar de los divertidísimos títulos de crédito del final (de lo mejor de la película).
           
            Spielberg y Abrams lo tenían todo para crear un clásico moderno: una historia perfecta para cinéfilos, los medios, el reparto… y lo habrían conseguido de no ser por esa sensación de Déjà Vu que invade la mayor parte de la película.
            Entiendo que muchos hayan sucumbido a la emoción y la tachen de obra maestra por devolverles un ratito a sus infancias, pero otros tenemos la nuestra demasiado reciente como para dejar que la nostalgia justifique la copia.
           

sábado, 20 de agosto de 2011

CAPITÁN AMÉRICA, EL VENGADOR QUE NOS FALTABA




Los Vengadores de Joss Whedon ya están cada vez más cerca, y Capitán América: el primer vengador supone la última pieza que faltaba para el puzzle.
A Joe Johnston le ha tocado realizar la antesala a la esperadísima pieza coral que reunirá al héroe americano por excelencia con Iron Man, Thor, Ojo de Halcón, la Viuda Negra y Hulk.
No hay mucho que decir de una película que reúne todos los tópicos del cine de superhéroes: entrañable debilucho de buen corazón que por mediación de un experimento genético se convierte en superhombre; supervillano fruto de un experimento similar, chica guapa y con carácter, etc., etc. Todos ellos abordados de la forma más previsible posible.

No todo es malo en Capitán América. La facturación no es en absoluto reprochable, la fotografía no está mal (añadida a la estética retro recuerda en algunos planos a Sky Captain y el mundo del mañana), las escenas de acción pondrían los dientes largos al mismísimo Michael Bay  y tiene un buen reparto (no tanto Chris Evans como Stanley Tucci, Tommy Lee Jones, Hugo Weaving…). Sin embargo no hay elemento sorpresa en absoluto (ni siquiera para los no conocedores de la vida del capitán Steve Rogers) ni secuencias mínimamente memorables.

En cierto sentido, el film sigue la línea de Thor: una película rodada en aras de un fin mayor sin absolutamente nada bueno que destacar. Eso sí, Joe Johnston parece saber algo más lo que hace, lo mejor que se puede decir de Capitán América es que no es tan mala como Thor.
A estas alturas, sólo nos queda confiar en que Joss Whedon salve a los Vengadores más que en que éstos salven al mundo.



viernes, 29 de julio de 2011

Y LA MAGIA ACABA AQUÍ. ADIÓS, HOGWARTS…




Poco queda que decir sobre las aventuras del niño-ya no tan niño-mago que no se haya dicho ya. La crítica a la primera parte de esta Harry Potter y las Reliquias de la Muerte se ajusta también a la segunda (son al fin y al cabo la misma película dividida en dos), salvo que esta última es sin duda la más triste: triste por lo dramático de la acción, por los personajes que no sobrevivirán al épico final de la saga, pero sobre todo triste porque es eso mismo, el final de la saga.

David Yates, el director que más ha sabido empatizar con la historia, pone el broche de oro a una franquicia que dio sus primeros pasos en la gran pantalla hace diez años (14 años hace ya de la publicación del primer libro). A lo largo de una década hemos visto desfilar por los pasillos de Hogwarts a los mejores actores británicos (Maggie Smith, Gary Oldman, Emma Thompson, Alan Rickman…), y hemos visto florecer a jóvenes talentos de los cuales, hay que decirlo, algunos han resultado mejores que otros (yo no he llegado a ver una gran progresión en Daniel Radcliffe).
Aún así, aun siendo la saga literaria y cinematográfica más rentable hasta la fecha, aunque todas las películas hayan mantenido el listón y aunque los fans nunca se hayan visto decepcionados, la Academia ha ninguneado todas sus entregas. Y yo me pregunto, si Marisa Tomei tiene un Oscar (y mejor no hablo de Penélope Cruz), ¿por qué no dar un pequeño reconocimiento a aquellos que nos han ayudado a mantener nuestro espíritu infantil intacto durante todos estos años a base de conjuros?

Y es que lo peor o lo mejor de esta película, según se mire, es que nos obliga a madurar. Aquellos que hemos crecido con los libros de Harry Potter bajo el brazo, acudiendo al estreno de cada película, aplaudiendo los partidos de Quidditch y llorando la pérdida de nuestros personajes favoritos encontramos en esta entrega el momento de crecer. La destrucción de Hogwarts funciona, más allá de la historia, como una metáfora de la madurez de sus fans, que buscábamos refugio en los pasillos del castillo para poder seguir sintiéndonos niños.

La historia termina casi donde empezó, esperando un tren en el andén 9 y ¾  de Kings Cross, con la misma sintonía que cerraba las primeras entregas (hay que reconocer que es un bonito detalle para los seguidores). Un flashforward nos revela aquí que la vida sigue para todos, y qué, ¿quién sabe? Puede que algún día, dentro de mucho tiempo, volvamos a encontrarnos esperando el Expreso de Hogwarts con generaciones venideras (eso sí, nosotros desde el sofá de casa, una pena).

La fantasía termina aquí y afortunadamente ha estado a la altura, ya podemos enfundar las varitas. Creo que para pasar el disgusto voy a comprarme unas Grageas de Bertie Bott de todos los sabores…



domingo, 3 de julio de 2011

HEMOS PASADO RESACAS MEJORES…



Reconozco que, cuando se estrenó Resacón en Las Vegas, allá por el verano de 2009, fui a verla con cierto escepticismo (¿cuántos blockbusters veraniegos, sobre todo en el terreno de la comedia, cumplen realmente con las expectativas?). Mi sorpresa fue mayúscula al encontrarme con una de las mejores comedias que he visto en años. Por desgracia en Resacón 2, Ahora en Tailandia (y por favor, que alguien empiece a aniquilar a los que cambian los títulos originales por estos despliegues de ingenio) se repite todo, literalmente todo, menos la calidad.
Y es raro. Idéntica estructura: despedida de soltero, esta vez de Stu (Ed Helms), al que vimos perder un diente en la primera parte, en Bangkok. Como la vez anterior, acompañado por Phil (Bradley Cooper) y el peculiar Alan (Zach Galifianakis, con un personaje impagable que una vez más roba el peso de la película). El bueno de Doug (Justin Bartha), al que perdieron en la primera parte, de nuevo sale pronto de la acción, esta vez, por ser el más responsable se quedará en el resort donde se alojan; pero aun así tienen que perder a alguien, que en este caso será el hermano adolescente y superdotado de la novia. Mismos personajes, el retorno de Mr. Chow, cameos de famosos (Mike Tyson vuelve para darnos de nuevo uno de los mejores momentos del film)… Es la misma película con otro paisaje de fondo. Pero no funciona igual.

Todd Philips se ciñe a la fórmula de “si algo funciona para qué cambiarlo”. Se vuelve algo más gamberro, pero no por ello más gracioso. Descuida a los secundarios, que en esta secuela son insulsos, olvidables, opuestos a los que tanto juego dieron en la primera parte (Heather Graham como striper, el bebé, o la detestable novia que tenía Stu en aquel momento y que por lo menos daba más juego que la prometida de ahora, el policía rencoroso al que roban el coche patrulla…); no saca tanto partido a los cameos, exprime hasta lo imposible las gracias y maneras de Mr. Chow y se ceba, quizá en exceso, con el mono pervertido. Y aun así no resulta ni la mitad de divertida que la primera parte.

Resacón 2 te deja con la sensación de haber oído el mismo chiste dos veces. La primera vez te encanta, y por eso te hace gracia una segunda vez, pero sin la menor frescura ni factor sorpresa. Sólo les salva que son personajes a los que les cogimos demasiado cariño en sus andaduras por “la ciudad del pecado” y les seguiremos al fin del mundo si hace falta con tal de fingir, durante un par de horas, que podemos salir de fiesta con ellos (el sueño de muchos, entre los que me incluyo).
Pero, personalmente, si tengo que pasar la resaca, prefiero que sea en Las Vegas.